APERTURA DE LA CATEDRA IMANI DE LENGUAS NATIVAS: LA LENGUA ES ESPIRITU

 

FLAUTA

 

La primera sesión (febrero 10) la titulamos “Lengua y espíritu”. La sesión fue abierta por el pueblo Magüta (Tikuna), quienes tocando tambores, caparazón de tortuga taricaya, llevando una rueda ceremonial y máscaras, dirigieron a todos los participantes por medio de una danza para ingresar al auditorio de la universidad. En ese auditorio, dejaron la rueda ritual y la máscara como marcas territoriales. Nos acompañó también el grupo de música nasa Kwe’sx Kiwe (Nuestro territorio), dirigido por el compañero Inocencio Ramos. Ellos presentaron cantos de resistencia con los que han luchado por la recuperación de los territorios, en lengua nasa y en español. En la segunda parte, nos dirigimos a la Casa Hija (una pequeña maloca en los predios de la universidad), donde compartimos alimentos y los asistentes pintaron las paredes con dibujos y palabras que habían aprendido durante la sesión.

 


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LENGUA Y ESPÍRITU

Escrito por:  Juan Alvaro Echeverry

Decimos que “el espíritu” es el fundamento teórico y metodológico de esta Cátedra. ¿De qué espíritu estamos hablando? “Espíritu” es una palabra muy adecuada por lo que está llena de equívocos y traduce mal a las lenguas nativas. Para comenzar, usamos un término que choca con el secularismo que parece orientar todo el proyecto académico y científico – fundado en la razón y el distanciamiento con los “objetos”. Algo distinto – y más próximo al proyecto académico – sería “la lengua como fenómeno espiritual”; allí “lo espiritual” aparece, o se representa, como un objeto independiente del sujeto que lo observa. En cambio, “la lengua es espíritu” es una cópula, es una afirmación, que nos coloca de entrada en una modalidad epistémica (por así decirlo) diferente: nos vuelve invisible el objeto y nos obliga a nuevos modos de entender – que no sabemos cuáles son – porque “el espíritu” no se ve y la expresión misma está llena de trampas.

Expresiones como “espíritu”, “espiritualidad”, etc. fácilmente pueden conducirnos al ámbito de las religiones constituidas (El Espíritu Santo, como una de las manifestaciones de La Trinidad) o, peor aún, a neo-paganismos New Age, con todo el narcisismo y consumismo que va con eso – y que por cierto reapropia lo que se imagina que es la “espiritualidad” de los pueblos originarios –. Estos sentidos de “espíritu — religioso-formal o neo-pagano– están lejos de nuestro proyecto y creo que nuestros gestos y decisiones así lo muestran.

Nuestro sentido de “espíritu” se aproximaría – parecería evidente – a una espiritualidad amerindia. Pero — ¡ojo! – aquí los riesgos son mayores y los retos más equívocos. Podríamos tal vez pensar que la espiritualidad nativa es comparable con los fenómenos religiosos o neo-paganos que acabamos de mencionar. La etnología parece ofrecernos pistas para pensar que no son tan fácilmente comparables.

Maurice Leenhardt, antropólogo-misionero que trabajó muchos años en Nueva Zelandia y tejió profunda amistad con intelectuales maorí, narra que conversando una vez con uno de esos compañeros nativos, muy inteligente, luego de muchos años de relación le dijo algo así como “Yo creo que nosotros europeos les hemos hecho daño trayéndoles nociones como la de ‘espíritu’” (Leenhardt era antropólogo y misionero). A lo que su amigo nativo replicó: “No, lo de espíritu no es problema, lo que ustedes sí nos trajeron y es muy complicado es lo de ‘cuerpo’.” Para los no-indígenas una noción como cuerpo es auto-evidente (los cuerpos están dados, son tangibles y objetivos), en cambio, espíritu es intangible, es una búsqueda, un trabajo refinado en el que hay que poner mucho esfuerzo. Para el nativo, parecería que lo de espíritu fuera auto-evidente y lo complicado y que requiere mucho esfuerzo es lo de cuerpo – en una perfecta lógica perspectivista à la Viveiros de Castro.

Entonces podemos decir que lo que significamos como “espíritu” (así lo despojemos de connotaciones religiosas o de misticismos New Age) no es lo mismo que lo que podría ser “espíritu” para los amerindios. Y una pista potente en ese sentido es el que el significado de “espíritu” en la expresión “la lengua es espíritu” traduce mal a las lenguas amerindias – o por lo menos a la lengua murui-muina (en la medida de mi conocimiento). Ejemplo: pregunté en el mambeadero de Kaɨ Komuiya Uai, “Cómo se traduce “la lengua es espíritu” al uitoto o Murui-Muina?” La respuesta fue, sin mucha deliberación, uai joriaɨ. Para mí fue la prueba que no nos estamos entendiendo: uai ‘palabra, idioma’; joriaɨ ‘espíritus (aquellos espíritus que andan y que no tienen el sentido que empleamos cuando decimos, por ejemplo, ‘el espíritu de este trabajo es…’)’. ¿Y por qué en plural? La respuesta es que el singular nos lleva a dos conceptos diferentes del plural: jorema ‘espíritu (masc.), es el espíritu de una planta que habla; joreño ‘espiritu (fem.)’ es el fantasma de un muerto. Trampas de la traducción, cuando asumimos que las palabras nombran cosas que existen. Para mi entender, lo que quisiéramos decir con la fórmula “la lengua es espíritu” se acerca mucho más a un concepto corporal: aliento. Yo traduciría nuestro “la lengua es espíritu” al murui-muina como uai komuiya jagɨyɨ ‘la palabra (el idioma) es aliento de vida’. De hecho, al final de la primera sesión unos jóvenes murui-muina escribieron algo muy parecido en las paredes de la Casa Hija: Kaɨ komuiya jagɨyɨ ‘Nuestro aliento de vida’.

Otra evidencia que apunta a los equívocos de la traducción – y nos alerta a no estar convencidos que estamos hablando y pensando lo mismo que los compañeros indígenas cuando hablamos en español – es la reacción que produjo el título “La lengua es espíritu” en el mambeadero de CAPIUL, en particular en WY y en AB. A ellos no les “cuadró” esa expresión. ¿Por qué? Probablemente porque la tradujeron directo y eso los llevó a un terreno problemático. En cambio un título como “Lengua de vida, palabra de vida, territorio de vida” (que fue el título que dimos a un evento que realizamos en noviembre de 2017) les pareció perfecto.

Todo esto no quiere decir que el título de la Cátedra estuvo mal escogido, sino por el contrario que es un título que nos pone de presente el terreno inestable (pero fecundo) en el que nos paramos, a partir de diferentes provocaciones. Provocación al habitus académico secularizante y racionalista: planteamos un curso universitario con “el espíritu” no como fenómeno objetivo (un fenómeno socio-cultural) sino como una afirmación. Provocación (o riesgo) de confundirnos con términos religiosos formales o con espiritualidades neo-paganas contemporáneas – fácilmente cooptadas por el narcisismo individualista y el consumismo capitalista. Provocación al mundo indígenas, que nos pone de presente que las traducciones directas nos hacen escapar o perder de las divergencias ontológicas.

Primera lección: resulta que nuestro “espíritu” es un concepto corporal: llamémoslo, provisionalmente “aliento” o “vida” – o incluso podríamos llamarlo “cuerpo”. Pero, ¿cómo se leería en español una expresión como “la lengua es cuerpo”?
Con estas advertencias podemos estar mejor preparados para explorar el potencial de nuestras sesiones para buscar nuevas formas de entender y actuar desde un nuevo espacio de enseñanza-aprendizaje: una niña con su piel pintada, con aliento, con vida, con sexo – un cuerpo (no una institución, o una metodología, o una estrategia o un currículo): La Casa Hija.

 

CARTAS A IAIA

Escrito por: Marta Anducas

Leticia a 11 de febrero de 2018

 

Estimada iaia (querida abuela en catalán) :

 

Ayer pensé en ti. Era sábado y en la Universidad Nacional de Colombia iniciaron una cátedra que se titula “La Lengua es Espíritu”, la cual trata sobre las experiencias de resistencia de los pueblos amazónicos en la revitalización de su lengua y cultura. Precisamente, me acordé de tantas historias que me relataste de tu infancia y juventud en las que te prohibían expresarte en tu lengua materna y de cómo nuestro pueblo, el catalán, resistió —y aún lo hace— ante la represión y la dictadura franquista.

Te gustaría esta cátedra, por eso pensé en compartírtela. Fíjate que, aunque son contextos completamente diferentes, el origen de las experiencias es el mismo: la resistencia de los pueblos minoritarios —y oprimidos— para conservar su esencia e identidad, frente al modelo imperialista que teme a la diversidad, transforma a las personas en gente y sustituye los nombres por números de serie.

El aula inaugural fue ayer con el título “Lengua y Espíritu”. Con la boca pequeña te confieso que llegué tarde y me perdí el inicio de la sesión. Sin embargo, pude asistir a la presentación del grupo Kwe’sx Kiwe, que significa Nuestro Territorio en el idioma de los Nasa, un pueblo del interior de Colombia. El conjunto musical estaba formado por tres hombres y una mujer que tenía un cabello larguísimo (te diré, sin exagerar, que cuando miraba el cielo, el pelo le rozaba el piso). Los músicos tocaban instrumentos propios —una flauta travesera hecha de caña y un tambor— y también incorporados, como la guitarra, el charango o la quena. Mira, en esta foto los verás:

Lo bonito de la sesión fueron, además de las canciones, las explicaciones que acompañaron a cada tema musical. ¡Qué lástima que me faltó hoja y papel! Sabes que mi memoria es caprichosamente selectiva y ahora solo me acuerdo de una intervención en la que nos contaron cómo conseguían la materia prima, es decir la caña, para construir la flauta.

El lugar donde crece la caña o carrizo, decía, es un lugar de poder. ¿Viste que no dijo sitio sagrado, como los católicos, apostólicos y románicos lo bautizarían, sino “lugar de poder”? Me gusta este matiz en la nomenclatura. Resulta que este lugar de poder está en la altura, protegido por los espíritus del trueno y del viento. Así pues, uno no puede despertarse por la mañana, empezar a subir la montaña, cortar el carrizo, volver a casa y construirse su flauta. Si así lo hiciera, la tempestad lo seguiría y le impediría el regreso. Antes de acceder al lugar, hay que pedir permiso a las entidades que lo protegen a través de un ritual.

Lo curioso, y creo que por eso me acuerdo de esta historia, es que los Nomatsiguenga, pueblo amazónico de la Selva Central del Perú, relataban el mismo procedimiento para conseguir la caña para construir el sonkari, un instrumento similar a la zampoña. Ellos, los Nomatsiguenga, usaban la planta del tabaco para pedir permiso a los dueños de los cerros; de los Nasa no me acuerdo.

Sea como fuere, me apasiona la humildad de estos pueblos ante la naturaleza, así como el respeto por sus entidades y lugares de poder. ¡Tenemos tanto que aprender! Por suerte hay personas e instituciones que mueven hilos para que este proceso de intercambio, aprendizaje y reflexión se dé. Esta cátedra es un ejemplo de ello.

La sesión no terminó acá, luego comieron y pintaron, pero yo tenía unas gestiones pendientes y me tuve que ir. Para la próxima, prometo llegar a tiempo y contarte la experiencia completa, iaia. Por esta vez, me perdonas.

Espero que estés muy bien. Te mando un abrazo muy fuerte y caluroso que acá calor nos sobra y quizás te sirva para derretir la nieve que chispea las calles de Barcelona y de Pallejà.

T’estimo,

Marta

LENGUA Y ESPÍRITU – Marta Anducas

 

VIDEO DE LA SESION INAUGURAL:

 

Captura de pantalla 2018-03-23 a las 7.45.42 p.m.

SESION INAUGURAL DE LA CATEDRA IMANI DE LENGUAS NATIVAS LA LENGUA ES ESPÍRITU


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